Lo mejor para cerrar un año adecuadamente es recordar los buenos momentos. Y agradecerlos. Eso es igual de importante. Y los que no fueron buenos, recordarlos desde el crecimiento que te han aportado. Has de entender que todo es finito, nada es eterno. Por eso, después de las tempestades suelen llegar momento de calma, que has de saber reconocer y disfrutar. Por eso, gracias a los problemas y dificultades que nos hayan ido surgiendo por el camino, hemos ido adquieriendo un aprendizaje. De los momentos negativos, quedémonos con lo menos malo o lo bueno.

No arruines las 365 oportunidades que tienes desde hoy llevando al futuro un pasado que ya no existe. Pisa el pasado, ese que te angustia. Dale al botón de actualizar y reinicia tus emociones.

Recarga tu batería y suma esperanza de vida. Porque, aunque nada cambie de un segundo a otro, el cambio de año es tan simbólico que puedes acompañar el cambio con un toque de dulzura.

Puedes romper con algo y amortiguar el golpe. Ahí está la magia de los comienzos.

Durante este año no te olvides de que no hay mejor regalo que compartir un momento con las personas que quieres.

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